Presentación de la escuela


La Escuela del Magisterio, junto con los otros colegios dependientes de la Universidad Nacional de Cuyo ha iniciado el proceso de transformación en  escuela secundaria en el marco de la implementación de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206/06.

Esta propuesta supone que todos los integrantes de la comunidad educativa se comprometen a continuar con la revisión y evaluación constante de la propia tarea, profundizando la formación integral de los alumnos, afianzando los avances y logros alcanzados. Afrontar los cambios que sean necesarios y correr los riesgos que supone cambiar.

Una cultura innovadora supone buscar la mejora escolar para posibilitar condiciones que puedan dar origen al compromiso, a la participación, a la iniciativa, a la cooperación como algo cotidiano.

Institucionalizar  una cultura de cambio le exige promover alternativas que básicamente le permitan alcanzar:

  • Una profunda motivación, pasión por crecer y enfrentar los desafíos. Lo que implica mejorar los procesos educativos no sólo “desde la cabeza” sino “desde el corazón” para hacer mejor las cosas. Se trata de enseñar competencias, conocimientos, pero también estar imbuidos de placer, pasión, creatividad, afecto, entusiasmo, emoción, esperanza.
  • Un intenso trabajo colaborativo entre todos los actores de la escuela. El mismo genera  sentimientos de confianza, honestidad, seguridad  y compromiso por el otro.
  • El desarrollo de la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad (resiliencia) en jóvenes y adultos de la comunidad educativa.

En la Escuela del Magisterio está arraigado un sistema de creencias que se basa en su historia, tradiciones, valores, símbolos, etc., que posibilitan esta propuesta. Puede aportar condiciones ambientales que promuevan reacciones resilientes ante circunstancias inmediatas así como también estrategias de enseñanza, formas de organización del aula y de la escuela, programas de prevención y un currículo adecuado para desarrollar  factores protectores individuales.

Esta alternativa se presenta como un desafío pues supone posicionarse desde el enfoque de las posibilidades, partiendo del desarrollo de los factores protectores y detectando los factores de riesgo para abordarlos como oportunidades para crecer. De esta manera se genera una escuela que se moviliza en busca de propuestas superadoras y sus integrantes podrán sobreponerse a las experiencias negativas y hasta podrán fortalecerse en el proceso de superarlas.

Busca, en síntesis institucionalizar el desarrollo de una cultura de cambio: que incluya a todos,  garantice la calidad de la enseñanza y los  aprendizajes y atienda y valore la diversidad. De esta manera se puede llegar a la Escuela deseada: “una escuela que enseña y aprende, creciendo en solidaridad y excelencia”.

Así mismo cada uno de sus actores institucionales podrá encarnar , reflejar el deseo y la capacidad de vincularse, de fijar límites claros, de desarrollar y manifestar habilidades para la socialización, buscar y dar afecto, apoyo y expectativas elevadas, y de aprovechar las oportunidades de la participación; factores básicos de la resiliencia.